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Lo esencial

  • El centro «Prometheus» de Meta en Ohio consumiría 1 GW —suficiente para abastecer hasta un millón de hogares— para impulsar la IA, con chips por valor de unos 30.000 millones de dólares alojados en gigantescas carpas.
  • Al menos 20 proyectos por valor de 42.000 millones de dólares fueron cancelados en los tres primeros meses de 2026; en tres años se han cancelado proyectos por 85.000 millones tras la oposición vecinal.
  • La capacidad de computación para IA en EE. UU. podría pasar de algo menos de 12 GW a quintuplicarse en 2030, pero entrenar un solo modelo puntero podría requerir 16 GW en 2030.

El rechazo a los centros de datos en Estados Unidos es ya el mayor cuello de botella para el auge de la IA. En Ohio, Michigan, Texas y Virginia, ciudadanos de todo el espectro político luchan contra las gigantescas instalaciones necesarias para entrenar y operar los modelos más avanzados.

Trabajadores ilustrados de distintos oficios rodeando equipos industriales, como símbolo del trabajo y la industria.
ilustración: janne ivonen

Desde lo alto del tobogán, que termina en una pequeña piscina en el jardín, la vista hasta el pasado abril habría sido de exuberantes tierras de cultivo de Ohio, densos bosques y bonitas casas de madera. Ahora es la de seis gigantescas carpas impermeables del tipo que las fuerzas armadas usan para guardar cazas o que las organizaciones de ayuda utilizan en zonas de desastre.

Pronto albergarán semiconductores de última generación por valor de unos 30.000 millones de dólares. Junto con un conjunto de turbinas de gas para suministrar energía, ocupan una superficie del tamaño de una terminal de aeropuerto. Si Meta, propietaria del recinto, cumple su plan de poner en marcha su centro de datos «Prometheus» en 2026, dedicará un gigavatio (GW) entero de potencia —la necesaria para abastecer hasta un millón de hogares, o aproximadamente la producción de un gran reactor nuclear— a la inteligencia artificial.

Los 750.000 millones de la IA se trasladan al interior del país

Los gigantescos centros de datos del futuro, capaces de entrenar los modelos punteros de IA en 2030, no estarán en los núcleos urbanos de Virginia o California que hoy albergan la mayoría de los parques de servidores de Estados Unidos, sino en el emergente «Silicon Heartland» de Michigan, Wisconsin y Ohio, o en estados del sur como Luisiana, Misisipi y Texas.

Se están invirtiendo sumas ingentes en estos lugares —hasta 750.000 millones de dólares por parte de Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle, más miles de millones adicionales de otras empresas—. Se calcula que entre 2026 y 2030 se destinarán 3 billones de dólares a centros de datos de IA en todo el mundo. Buena parte de esa cifra está reservada a Estados Unidos.

Ese dinero ampliará la capacidad total de computación para IA, medida por la energía consumida por los grandes centros de datos, desde algo menos de 12 GW actualmente en Estados Unidos hasta quintuplicar esa cifra a finales de la década (véase el mapa). Y en todo el país, ciudadanos de todo el espectro político están furiosos por ello.

Mapa que muestra el crecimiento previsto de la capacidad de computación de los centros de datos de IA en Estados Unidos
mapa: the economist

Los municipios cancelan proyectos de centros de datos por 85.000 millones de dólares

Hay muchos motivos de descontento: la fealdad de los edificios; el rugido de los generadores y los sistemas de refrigeración; el ejército de nuevas torres de transmisión que cruzan el paisaje; el temor a la contaminación del agua. Las encuestas sugieren que los estadounidenses preferirían vivir junto a una central nuclear que junto a un centro de datos. El tema ha ganado mucha relevancia. A los candidatos a gobernador que se presentan ante los votantes en noviembre se les pregunta habitualmente cuál es su postura.

Los activistas locales ya se están anotando victorias. Al menos 20 proyectos de centros de datos por valor de 42.000 millones de dólares, que habrían consumido 3,5 GW de potencia, fueron cancelados en los tres primeros meses de 2026 tras la oposición vecinal; en los últimos tres años se han cancelado proyectos por valor de 85.000 millones, incluidos pequeños centros propuestos por Amazon y Meta.

Los vecinos de Cedar Rapids, en Iowa, se resisten a los planes de Google de construir uno allí. Varios municipios de Michigan han aprobado moratorias después de que OpenAI iniciara las obras de un proyecto en Saline pese a la oposición local.

La oposición va más allá del «no en mi patio trasero»

Sin embargo, la resistencia es más que simple NIMBYismo. En abril, una encuesta de Pew Research, una empresa demoscópica, constató que los estadounidenses que solo han oído hablar de los centros de datos se oponen a ellos tanto como quienes viven a menos de cinco millas de uno.

Los filósofos llevan tiempo advirtiendo de que una IA descontrolada —obsesionada con un único objetivo, como maximizar la producción de clips— condenaría a la humanidad al acaparar todos sus recursos y pavimentar la Tierra con servidores. Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, llevan años advirtiendo de que la IA dejará sin trabajo a la mayoría de la gente o se utilizará para causar daños masivos.

Ahora la infraestructura que necesitan está llegando a la puerta de los vecinos, y parece salida de una zona de guerra. En todo Estados Unidos, los residentes se levantan en las reuniones municipales para suplicar que se cancelen los proyectos con la esperanza de frenar el avance de la tecnología. ¿Lo conseguirán?

Tenemos que mantenernos bastante por delante de China. Tenemos que lograr que estos centros de datos obtengan los permisos, se construyan y [puedan] conectarse a la red eléctrica.

Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, en una entrevista con The Economist

Esa pregunta no solo preocupa a la industria de la IA. Garantizar que Estados Unidos lidere la inteligencia artificial es «el objetivo primordial» de su mandato, afirma el señor Wright.

A Estados Unidos ya le falta capacidad de cómputo para IA

Quizás entre 1 y 2 GW de la capacidad actual de los centros de datos de Estados Unidos se dedican a entrenar modelos punteros de los principales proveedores —Anthropic, OpenAI y Google—, así como de quienes intentan seguirles el ritmo, como Meta y xAI. De ello se deduce que unos 10 GW deberían estar disponibles para la inferencia —para que los clientes usen los modelos para hacer preguntas, escribir código o realizar otras tareas—.

Sin embargo, tras dispararse la demanda de herramientas de IA a principios de 2026, la capacidad de «cómputo» disponible resultó tristemente insuficiente. Anthropic ha limitado el uso de sus modelos, OpenAI ha descartado su herramienta de vídeo de gran consumo computacional y Microsoft ha encarecido tanto su asistente de programación que algunos programadores están volviendo al arte perdido de escribir software ellos mismos.

12GW
Capacidad actual de IA en EE. UU., algo menos de
30GW
Nueva capacidad prevista para finales de 2028
16GW
Para entrenar un solo modelo en 2030

Se supone que los nuevos centros de datos aliviarán esta presión. Ya están en construcción grandes proyectos que deberían aportar casi 30 GW de capacidad adicional para finales de 2028. Sin embargo, la cantidad necesaria para crear nuevos modelos ha aumentado rápidamente. En un informe publicado el año pasado, Anthropic sostenía que se necesitarían hasta 5 GW para entrenar un único modelo puntero en 2028. Según Epoch AI, una firma de investigación, esa cifra podría elevarse hasta los 16 GW en 2030. De ser cierto, gran parte de la capacidad que entrará en funcionamiento en los próximos años será absorbida solo por el entrenamiento.

Algunas fuerzas frenarán la necesidad de cada vez más capacidad. Los chips son cada vez más eficientes y generan más potencia de cálculo con la misma cantidad de energía. Las instalaciones de minería de criptomonedas se están reconvirtiendo para la IA. Y como señala Andrew Feldman, director ejecutivo de Cerebras, un fabricante de chips, la inferencia no requiere las enormes instalaciones necesarias para entrenar un modelo, por lo que es posible utilizar partes de los centros de datos existentes. Aun así, puede que no sea suficiente. Hasta ahora solo la programación se ha visto realmente transformada por la IA. Otros sectores que podría revolucionar —como el derecho, las finanzas o los medios— aún están en una fase incipiente de adopción.

La mayoría de los proyectos de centros de datos ya en marcha se aprobaron e iniciaron antes de que el rechazo alcanzara su actual punto álgido. Algunos —como el centro de OpenAI en Saline, Michigan— salieron adelante por los pelos: el proyecto fue rechazado por el consejo municipal y solo pudo seguir adelante porque el condado no tenía suelos calificados para uso industrial, lo que vulneraba las leyes de zonificación «excluyente».

Incluso zonas que durante mucho tiempo acogieron los centros de datos se han vuelto contra ellos. En marzo de 2025, el condado de Loudoun, en Virginia —conocido como el «callejón de los centros de datos»—, eliminó las normas que facilitaban su desarrollo. Las nuevas instalaciones ahora necesitan una «excepción especial» que implica audiencias públicas. En Texas, que alberga el segundo mayor número de centros de datos después de Virginia, la ciudad de San Marcos ha aprobado una moratoria sobre ellos.

Temores sobre el agua y la energía, y lo que muestran los datos

Los estadounidenses se resisten a los centros de datos en parte por preocupaciones comprensibles (aunque a veces equivocadas) sobre el impacto en sus barrios y en el medio ambiente. Por ejemplo, el mito de que los centros de datos de IA consumen enormes cantidades de agua se popularizó en 2025 por un libro basado en un grave error de cálculo. Un centro de datos de tamaño medio utiliza al año tanta agua como dos campos de golf, pero mucho menos si incorpora tecnología de reciclaje de agua, como ya hacen muchos.

Luego están las preocupaciones sobre la energía. SemiAnalysis, otra firma de investigación, calcula que hay alrededor de un teravatio (1.000 GW) en solicitudes pendientes de conexión a la red de grandes cargas en los estados estadounidenses, casi todas para centros de datos. Eso equivale a casi toda la capacidad de la red eléctrica estadounidense, que puede producir un máximo de 1.250 GW.

La demanda eléctrica de Estados Unidos promedia unos 470 GW a lo largo del año, pero la demanda punta del verano puede alcanzar los 750 GW y las eléctricas prefieren mantener un margen del 15-20 % por encima. Además, solo unos 975 GW de capacidad están disponibles de forma fiable cuando se necesitan.

Tensión en la red y la batalla por la factura eléctrica

Esto ha generado temores por una subida de los precios de la electricidad para los consumidores y otras empresas. Hasta ahora hay pocas pruebas creíbles de que eso esté ocurriendo. La creciente demanda eléctrica permite a las compañías repartir el coste de las mejoras entre más usuarios. Y como los operadores de centros de datos siempre instalan una fuente de respaldo por si se interrumpe su suministro energético, pueden reducir su demanda ante un fenómeno extremo, como una tormenta.

«Queremos ser buenos ciudadanos de la red», afirma Alistair Speirs, responsable del despliegue de centros de datos en Microsoft. Añade que las baterías conectadas habitualmente a los centros de datos del hiperescalador le permiten «elegir cuándo sorber y cuándo beber a tragos de la red».

Aun así, las enormes inversiones en centros de datos previstas para los próximos años exigirán que Estados Unidos produzca mucha más energía —y la infraestructura resultante generará sin duda su propia oposición—. El Departamento de Energía prevé que para 2030 el país necesitará añadir 50 GW de generación para apoyar la IA y otros 50 GW para el renacimiento manufacturero que espera la Administración.

«Necesitamos aumentar nuestra capacidad de energía gestionable», dice el señor Wright, escéptico ante los proyectos eólicos y solares que solo producen energía intermitente. Para lograr este objetivo ha impedido el cierre de centrales de carbón y es partidario de reabrir centrales nucleares y construir más centrales de gas. Aunque se prevé que más de un tercio de los centros de datos generen toda su energía in situ para 2030, eso hará que estos proyectos sean aún más antiestéticos, y el resto seguirá dependiendo de la red.

Ohio, que alberga ya la cuarta mayor concentración de centros de datos de Estados Unidos, ha sido más astuto que la mayoría de los estados en su enfoque. En julio del año pasado, la comisión estatal de servicios públicos aprobó un requisito por el que cada mes los operadores de centros de datos de cierto tamaño deben pagar al menos el 85 % de la capacidad eléctrica que hayan solicitado que esté disponible, aunque no la utilicen, para tranquilizar a los habitantes de Ohio y garantizarles que no acabarán pagando las inversiones en la red. Esta innovación se convirtió en una de las ideas incluidas en el «compromiso de protección al usuario» que las tecnológicas firmaron en el Despacho Oval en marzo. La disposición de Ohio es mejor que el compromiso, porque es vinculante.

Ohio pone a prueba la protección al usuario y la vía federal

Pese a todo, el Buckeye State ha tenido dificultades para calmar a sus residentes. Tres cuartas partes de los demócratas y dos tercios de los republicanos de Ohio siguen oponiéndose al desarrollo local de centros de datos. La oposición es tan grande que, pese a que Donald Trump ganó el estado por 11 puntos en las presidenciales de 2024, Vivek Ramaswamy, entusiasta de la IA que se presenta a gobernador de Ohio, está empatado en las encuestas con su rival demócrata.

La Administración Trump dispone de medios para sortear la oposición local. En marzo, el Departamento de Energía anunció un enorme proyecto de 10 GW en Piketon, en la Ohio rural, en terrenos federales, evitando así parte de los procesos habituales de permisos. El proyecto será financiado por SoftBank, el conglomerado japonés dirigido por Masayoshi Son, que construirá una central de gas para abastecer al que sería el mayor centro de datos del mundo.

«Imaginen estar en el campo de un agricultor de los Apalaches con barro en los zapatos con el secretario Lutnick, el secretario Wright, el señor Son y yo… ¡y todos los demás paletos!», dice Adam Holmes, representante estatal de Ohio, que asistió a la colocación de la primera piedra.

Los residentes de Piketon no son precisamente aprensivos: la zona albergó el programa estadounidense de enriquecimiento nuclear en los años cincuenta. Aun así, Shane Wilkin, el senador estatal que representa al distrito y forma parte del comité de centros de datos de la legislatura de Ohio, no lo está teniendo fácil. «Trajimos aquí a la gente de las empresas de agua para que testificara y le pregunté cuántos centros de datos de Ohio tienen permiso de vertido. Uno. Y luego le hice una pregunta de la que no sabía la respuesta —lo cual siempre es un riesgo—: ¿han tenido alguna infracción? Y dijo que dos: por entregar papeles tarde». El señor Wilkin dice que explica a sus votantes que los centros de datos no encarecerán la electricidad, porque traen su propia energía, y que no pueden contaminar el suministro de agua porque no vierten sus aguas. Pero ellos simplemente responden: «Bueno, es que no lo quiero».

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