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Se necesitan cambios en las reglas del Mundial porque en el torneo de este año hay tres certezas: los aficionados de una selección saborearán el éxtasis mientras que los de otras 47 (frente a las 31 de antes) acabarán desolados, habrá destellos de brillantez y notoriedad inmortales, y abundarán los partidos tediosos que nadie recordará.
- En las tres últimas ediciones solo se han marcado 2,6 goles por partido en el tiempo reglamentario, cifra que baja a 2,3 en cuartos de final, semifinales y final, por debajo de los 2,8 de la Premier League.
- El fútbol defensivo funciona para los modestos: seis selecciones situadas fuera del tercio superior según las casas de apuestas alcanzaron las semifinales desde 1998, mientras que Nueva Zelanda quedó invicta en 2010 marcando solo dos goles en tres empates.
- Para aumentar los goles y el ritmo, la FIFA debería probar el fuera de juego de «luz visible» de Arsène Wenger y limitar el VAR a las impugnaciones de los equipos, como es habitual en otros deportes.

Quizá haya un gol tan hechizante como la cabalgada en solitario de Diego Maradona contra Inglaterra, una genialidad tan exquisita como el regate de Johan Cruyff ante Suecia o una parada tan milagrosa como la de Gordon Banks a Pelé; un penalti fallado tan desgarrador como el de Roberto Baggio contra Brasil, una mano tan cínica como la de Luis Suárez ante Ghana o un cabezazo tan sorprendente como el de Zinedine Zidane a Italia.
Sin embargo, pese a toda la emoción de las porras, los álbumes de cromos y algún que otro golazo, el Mundial suele ofrecer una versión poco atractiva del juego bonito. De hecho, esos destellos de genialidad e infamia se produjeron en partidos por lo demás muy cerrados. Solo en uno de ellos un equipo marcó más de un gol, y fue porque Maradona empujó uno con la «mano de Dios».
Goles, disparos y faltas muestran lo cerrado que se vuelve el Mundial
Los goles cuentan parte de la historia: en las tres últimas ediciones solo se han marcado 2,6 por partido en el tiempo reglamentario, cifra que baja a apenas 2,3 en los cuartos de final, las semifinales y la final. En ese mismo periodo, la Premier League inglesa, la competición nacional más rica del mundo, ha promediado 2,8.
Goles por partido, últimos tres Mundiales
Goles en cuartos de final, semifinales y final
Media de la Premier League en el mismo periodo

Otros datos subrayan ese carácter trabado. En comparación con la temporada precedente de la Premier League, el último Mundial produjo un 16 % menos de disparos por 90 minutos y un 17 % más de faltas. En un partido se mostraron 18 tarjetas amarillas y una roja.
El cansancio influye, con futbolistas agotados tras una larga temporada. Las olas de calor previstas en los próximos partidos no ayudarán. Además, los jugadores rara vez entrenan junto a sus compañeros de selección, lo que genera actuaciones fragmentadas. La presión también pesa, con la fama eterna en juego.
Por qué compensa aparcar el autobús, sobre todo con 48 selecciones
El fútbol aburrido tiene otra causa: a las selecciones medias y más débiles les funciona. Desde que el Mundial se amplió a 32 equipos en 1998, seis selecciones situadas fuera del tercio superior según las casas de apuestas han alcanzado las semifinales: Croacia (1998 y 2022), Corea del Sur (2002), Turquía (2002), Uruguay (2010) y Marruecos (2022).
Esos caminos hacia las semifinales promediaron un marcador de 1,1 contra 0,7 en el tiempo reglamentario. Nueva Zelanda, última en los pronósticos de las casas de apuestas en 2010, fue la única selección invicta aquel año, al marcar dos goles en tres empates. En resumen, los modestos salen recompensados por «aparcar el autobús» y rezar, un cálculo que pesará aún más con 48 selecciones.
La fase de grupos puede traer más goleadas desiguales, pero también más David derribando a Goliat a base de faltas en las eliminatorias.
Otros deportes cambiaron las reglas para aumentar los goles y el ritmo
La posibilidad de levantar la Copa del Mundo es tan embriagadora que miles de millones de espectadores sintonizarían aunque cada partido terminase sin goles. Sin embargo, el fútbol compite en una pugna mundial por la atención, donde los dirigentes de deportes rivales tratan de afinar su «producto».
A veces eso implica agilizar los partidos, como ha hecho la Major League Baseball al introducir un límite de 15 segundos para los lanzadores. A menudo supone aumentar la anotación, como han hecho las dos modalidades de rugby al arbitrar el «ruck» de forma más favorable al ataque, y la Indian Premier League en el críquet al añadir un duodécimo «jugador de impacto». Mientras tanto, la Fórmula 1 ha aumentado la imprevisibilidad al cambiar varias reglas para los constructores: esta temporada Lewis Hamilton y Max Verstappen, campeones en diez de las últimas 12 temporadas, aún no han ganado una carrera.
Los dirigentes tienen un largo historial de ajustes de este tipo. La National Basketball Association estadounidense introdujo el reloj de posesión para forzar un juego más ofensivo en los años cincuenta, cuando los partidos promediaban 160 puntos (ahora son 230). Pero el ritmo de experimentación se acelera hoy, ante el temor de que los acuerdos de retransmisión hayan tocado techo y de que el público más joven vea más resúmenes y menos partidos completos.
De hecho, en la mayoría de deportes los equipos se vuelven más conservadores en las eliminatorias, así que los dirigentes que se niegan a innovar se arriesgan a un anticlímax mientras las ligas rivales avanzan hacia un crescendo. Algunas autoridades incluso recurren a analistas externos para modelar cómo los cambios en el juego y en el comportamiento de los aficionados podrían afectar a su negocio.
Dos cambios en las reglas que la FIFA debería probar para el Mundial
El fútbol se ha resistido históricamente a este planteamiento. Sus reglas permanecen prácticamente intactas desde hace 30 años —con pocos cambios y en su mayoría menores—, aunque su aplicación se ha endurecido: hoy te pueden expulsar por clavar los tacos en la espinilla de un rival, y el árbitro asistente de vídeo (VAR) añade un escrutinio extra a cada decisión.
Últimamente, sin embargo, la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial, ha reconocido que también ella podría necesitar innovar para mantener la cuota del deporte en la economía de la atención y, quizá, para hacerla crecer en Estados Unidos, que acogerá 78 de los 104 partidos de este año.
Fuera de juego: castigar solo cuando haya luz visible
Arsène Wenger, venerado exentrenador que ahora trabaja para la FIFA, ha propuesto relajar la ley del fuera de juego para que solo se aplique cuando haya «luz visible» entre atacante y defensor. Se está probando en la liga canadiense. El objetivo es recuperar muchos goles que actualmente anula el VAR, aunque los árbitros seguirán teniendo que trazar una línea en algún punto, así que el debate sobre si el cordón de una bota estaba en fuera de juego nunca terminará.
VAR: usar impugnaciones limitadas
Dado que a los aficionados les disgusta tanto el VAR —en una encuesta reciente entre hinchas británicos, el 72 % dijo que hace menos agradable ver fútbol—, arreglarlo debería ser prioritario en la agenda de la FIFA. Limitarlo a las ocasiones en que los equipos presenten «impugnaciones», con un número limitado para cada uno, como es habitual en otros deportes, haría que solo se revisen los errores clamorosos y trasladaría parte de la culpa a los equipos si algo se pasa por alto.
Una reforma así, junto con el ajuste del fuera de juego del señor Wenger, podría suponer más goles y menos interrupciones arbitrales. Para los aficionados de los 47 países eliminados que no levantarán el trofeo de la Copa del Mundo, eso sería una victoria que celebrar.
James Tozer es cofundador de Prospect, una empresa de análisis deportivo que trabaja con organismos rectores, equipos, entrenadores y otros. Fue periodista de datos en The Economist de 2014 a 2022.
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